Del Baum al Ultra Festival, mi primera vez en la fiesta que abrió mi mente

Experiencia relatada por: @Mr. Trouper



Cuando empiezo a escribir este texto faltan dos días para el concierto esperado por muchos del gran Boris Brejcha en Bogotá, cuatro días para la presentación de Amelie Lens en la capital, ad-portas de iniciar el Baum Park en Medellín, mientras las energías de todos están llegando a su clímax por la espera del mayor evento de todos, el Baum Festival 2022. Desde la distancia he vivido la emoción de mis amigos techneros por estos eventos y con nostalgia he visto sus posts. Por eso, quiero empezar esta nota mencionándolos, especialmente al primer dj, porque todo en este momento de mi vida lo conecta justamente ese artista alemán.


Yo hasta casi mediados del 2019 hacía parte de ese grupo poblacional que no entendía cómo era posible que miles de personas fueran capaces de bailar “la misma música toda una noche”. Es más, quiero ser honesto con ustedes: cuando algunos amigos me invitaban a una fiesta electrónica, yo me les reía en la cara y les decía lo siguiente: Yo no voy a ir una fiesta en la que nadie habla, todos bailan de la misma manera, nadie se da cariño -¡óiganme la ignorancia!- mientras están drogados con los ojos casi en blanco. Para mí, una escena de The Walking Dead con los zombis caminando era más romántico que una fiesta electrónica.


Esos amigos, que entendían desde hace tiempo el lenguaje de “paz y amor” y “good vibes”, solo sonreían y me decían: “Te veremos”. Y como el pez muere por la boca, me llegó el turno y de lo único que me arrepiento es de no haber conocido antes el mundo electrónico y todo lo que hay en él.


Para mayo del 2019 yo tenía 28 años y estaba viviendo un momento de cambio en mi vida. Pasaba por el que para ese momento era el mejor de mi carrera y vivía cómodamente en Bogotá, lo que me permitía darme uno que otro gusto. Pero también pasaba por una tusa asquerosa de esas que cuando uno se está bañando a la par también está llorando y diciendo: “¡por qué!, ¡por qué, diosito!”. Era una montaña rusa de sentimientos todo el día.



Justo ahí fue que sentí la necesidad de vivir otras experiencias, conocer nuevas personas y como yo soy fiel creyente de que lo que uno le pide al universo este se lo da, pues llegó. A los días un chico me respondió una historia en Instagram y comenzamos una conversación muy normal hasta que vi que días después publicó una historia en el desaparecido club Baum, en Bogotá (que por cierto no alcancé a conocer).


De inmediato le respondí que algún día quería ir “a una fiesta de esas” para ver cuál es la joda y acto seguido me hizo la invitación que sentaría las bases para reorganizar varias cosas de mi vida, me empezaría a sacar de la tusa en la que estaba, me llevaría a conocer personas, mundos maravillosos, música por toneladas y aspectos de mí que no conocía. Inclusive le debo a ese momento todo lo que mi cabeza empezó a maquinar, que -entre otras cosas- dos años y medio después me llevó a tomar la decisión de dejar esa comodidad en la que me encontraba en Bogotá para llegar hace un año a New York y empezar de cero otra vez.


La invitación fue al Baum Festival, la que puedo decir que ha sido hasta ahora la mejor fiesta en la que haya estado. Ese día recibí mi primera clase de “Introducción a la drogadicción con responsabilidad” y pude constatar que las personas bailan hasta que le duelen los pies, y desbordan amor y cariño. Yo no entendía al principio por qué se abrazaban y besaban tanto. -¡Qué gente más rara!, decía- hasta que me cogió mi primer cuartito de pill y ahí sí yo parecía Barney de la abrazadera que tenía. Con decirles que le pegué un pisotón que ni les digo a una chica y ella solo me abrazo y me dijo: “No te preocupes, no pasa nada. Vive la fiesta”.




Y mencioné a Boris Brejcha al inicio de este texto porque justo con él sentí que pasó algo: cuando llegó su turno para presentarse claramente yo no sabía quién era:


Yo: ¿Quién es ese y por qué la gente está así de loca?, pregunté.

“Es Boris Brejcha”, me respondió un amigo.

Yo: ¿Boris qué?


Yo solo veía a la gente y pensaba que muchos iban a morir de un paro cardiaco. Estaban extasiados, literal, y ahí fue cuando dije: acá pasa algo que necesito entender.


En ese momento mi cabeza dio un giro de 180 grados. Yo soy periodista y como hobby soy vinilista y selector de música disco, funky, rock y pop de los 70s, 80s y 90s y después de ese fin de semana comencé a conocer personas y lugares maravillosos. Me obsesioné tanto que empecé a estudiar el concepto de música dance desde sus orígenes y así logré entender la importancia de la música disco y (mi favorita) como la semilla de lo que hoy conocemos como música electrónica. En otro texto les hablaré de eso.


En este punto quiero hacer un paréntesis y reconocer un espacio como The Ghetto Project, en Bogotá, donde queda Kaputt y Sector 9, el de las maquinitas. En el segundo pasé todo mi segundo semestre del 2019 después del Baum Festival. ¡Dios! Sí que me divertí allá. Era el lugar que durante años estaba buscando. Conocí montones de la música que me gusta, puras canciones retro deliciosa. Pasaba tan delicioso que me sentía como en mi casa, muchas veces amaba ir solo, literal, y no hablaba con nadie, solo me concentraba en la música. Fueron momentos muy vácanos, porque exorcicé muchas cosas y aprendí a disfrutar de mí sin la necesidad de tener a alguien al lado. Larga vida a todo el Ghetto, que es para mí el mejor lugar de Bogotá.



Para retomar: fue así como a finales del 2019 declaré que el 2020 sería mi año de los conciertos y festivales. Compré de nuevo el Baum Festival, mi primer FEP, mi primer Jamming, concierto de Kiss y estaba mirando ir al Ultra Festival, pero bueno, ya todos sabemos en qué quedó ese año. A lo único que logré ir fue a mi primer Suelta como Gabete porque también me gusta el reggaetón, y qué buena fiesta fue esa también.


Pero a pesar de lo dramático que fue el encierro para todos yo seguí conociendo música, personas y viviendo experiencias. Mi apartamento se convirtió en una guarida de fiestas durante la pandemia. Tanto así que cariñosamente le di el apodo del Aquelarre. Y ya, con un conocimiento mucho más amplio, dije: estoy listo para mi primer Ultra Festival, pensando en que todo iba a salir perfecto. Además, porque ya estoy en New York y acá durante el 2021 he conocido varios lugares, dj y fiestas, pero estaba más confiado que preparado y era evidente que es casi imposible que todo le saliera bien a un primíparo en su primer festival de magnitudes internacionales. También porque varios de los amigos con los que fui estaban en mi misma situación.


Y acá entro con la segunda parte de este texto: ¿Qué hacer y no hacer en el Ultra Festival? Algunas son muy obvias, pero en serio hasta que uno no le sucede no las interioriza.


Primero, lleguen a tiempo. Miami, que de por sí es una ciudad caótica y loca, se pone peor en el Ultra. Llegar al Downtown fue dramático, pero en mi caso llegamos a tiempo. Sin embargo, tuvimos un contratiempo: en ese momento faltábamos algunos por manillas para poder entrar. Ahí va mi segundo consejo obvio: tengan esa vaina desde el día antes. En mi caso la persona que nos vendió las manillas no alcanzó a llegar antes de las 4 (hora en la que abrían puertas) en vista del caos en el que estaba la ciudad. Eso nos retrasó la entrada una hora más.


Eran pasadas las 4:30 de la tarde cuando empezamos a hacer la señora fila y miren esta escena: caminando centímetros por minuto pegados los unos con los otros en la humedad natural de Miami al atardecer. El agua se acabó a los 10 minutos, no había cerveza, ningún trago ni mucho menos nada mágico como para uno entretenerse. Así duramos dos horas. Cuando logramos pasar ese viacrucis, yo ya me había perdido de dos de los djs que quería ver. Entré harto y cansado.


Otro punto: cuiden sus pertenencias. A la novia de mi mejor amiga, justo cuando todos estábamos bien arriba, le sacaron el celular. Y vean esto: a las 9:30 de la noche habían reportado más de 100 celulares robados en el Ultra, nos confirmó la Policía cuando fuimos a poner la denuncia. (Y súmenle a esa cifra los que aún no se habían dado cuenta de que también los robaron).



Un punto que sí me pareció fue culpa del Ultra fue que a mi grupo de amigos y a mí nos fue difícil encontrar algunos escenarios, sobre todo los que estaban a los laterales. A mi juicio el mapa, con las vías, no era claro y lo peor es que no vimos gente de protocolo guiando a las personas a los baños, stages y salidas, y a quienes les preguntábamos, estaban más perdidos que uno.


Y finalmente, no sé qué pasó con el sonido del stage Resistance Carl Cox. Justo este era uno de los djs que más quería ver. El viernes, cuando Nina Kraviz estaba terminando su toque para darle paso a él, algo sucedió con el sonido que disminuyó de manera considerable. Fue difícil disfrutarlo.


Pero claramente, muchas de las primeras cosas que les he contando le suceden a un primíparo. Mi primer Ultra fue una gran experiencia y más haberla vivido con gente que quiero mucho. Deliciosa en todos los sentidos. Inolvidable el Main Stage, donde se presentó Alesso, Martin Garrix, Kygo y demás. Sus luces, la puesta en escena y el fuego; todo eso mezclado con la energía de la gente hizo que la manilla se pagara. Fue tal como se ve en los videos y en general todos los stage estuvieron geniales, cada uno con su esencia.


Por eso, no me arrepiento. Volvería. Quiero seguir explorando, conociendo mundos, festivales en donde quiera que estén.


Gracias por leer este texto cualquier día que ese sea y como siempre digo: bailen, rían y canten (sobre todo en el Baum Festival)

 

Gracias por leernos, si te gustó está crónica, comenta y eres bienvenid@ de compartirlo; nos vemos pronto en la pista de baile


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